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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Nadie es perfecto - Historia del intocable futbolero


 En el sistema de castas de la India, un paria, intocable, dalit o panchamas (en malayalam: തൊട്ടുകൂടായ്മ). es una persona que, de acuerdo con las creencias hindúes tradicionales, se considera fuera de las cuatro varnas o castas.(Wikipedia)


A principios de los noventa yo vivia en Italia y Maradona era el rey.  Diego jugaba para el Napoli. Lo amaban hasta los milaneses, que despreciaban a los napolitanos y a todo aquello que viniera de o estuviera al sur de la Lombardía.
En aquellos tiempos, Maradona era sólo el mejor jugador de fútbol del mundo. Todavía no había incursionado en la filosofía, el espectáculo, la religión ni la política.

Algunos italianos creían que 'El pibe de oro" quería decir "El pie de oro" (Il piede d'Oro)

En el trabajo todos sabían que yo era argentino, como el ídolo, y me transferían parte de su gloria, haciéndome víctima colateral de comentarios tan halagueños como incomprensibles. Cabe aclarar que no se trataba de una barrera linguística, ya que mi dominio de la lengua del Dante era casi perfecto.

Desde chiquito (pequeño) fui completamente inmune a los encantos del deporte pasión de multitudes.
Mi deficiencia no parecía genética, ya que mi papá era hincha de Independiente de Avellaneda, y siguió yendo a la cancha (estadio) a  ver los partidos del club de sus amores hasta que su avanzada edad se lo impidió, independientemente (¿valga la redundancia?) de la inseguridad y salvajismo característicos de las tribunas, ya que él tenía platea de socio vitalicio.

Cesar Mistein
Cuando me preguntaban de qué equipo era hincha (Pibe, ¿vos de qué cuadro sos?), yo respondía con temeraria sinceridad:
Ninguno.
Conocí a otros varones aquejados de indiferencia futbolística, algunos están aún entre mis amigos (el viento los amontona), pero la mayoría, solía sucumbir ante la pregunta fatal. Contestaban: River, Boca, etc, el que fuera el cuadro (equipo) preferido de sus familiares más directos. No era cosa de parecer poco varonil, contestando como un rarito (gay).
Cancha de Seguros Allianz, digo del Bayern

A lo largo de mi  existencia itininerante, he vivido en Buenos Aires, Milán, Barcelona, Munich, sedes de varios de los mejores equipos del mundo. Hay que ser muy macho para decir, en cualquiera de estas localidades, en voz alta y en el idioma correspondiente: "el fútbol no me interesa".
Es un juego muy lindo, pero... cómo explicarlo? la idea es tan exótica, tan impensable que resulta aun más anti intuitiva que el efecto túnel cuántico o la dualidad onda-partícula:
Imaginate alguien que se duerme con las óperas. ¿Tenés la imagen mental? Bueno, a mí me pasa lo mismo, pero con los partidos de fútbol. Entre nosotros, con algunas óperas también.

Mi excentricidad resultó implacable, incurable a pesar de las largas charlas de café con los amigos,  las onerosas sesiones de psicoanálisis y los psicotrópicos más potentes.

Mi viejo (papá), al contrario, parecía saberlo todo sobre el futbol. Su erudición era tal que muchas veces yo lo consultaba para tener datos acerca de algún partido importante (que yo ignoraba olímpicamente) y así reducir, en parte, el perjuicio social que mi extraña dolencia me infligía.

Il piede d'oro


Un día entre los días, los comentarios de los italianos empezaron a cambiar de matiz. Los halagos se convirtieron en bromas insidiosas. El mozo (camarero) que servía la comida en la mensa (comedor de empresa) se negaba a llenarme el plato, en broma...pero en serio.
Las sonrisas se volvieron muecas.

Diego jugaba para la selección argentina que había eliminado a
Julio Cortazar
Italia del Campeonato Mundial.

Trágicamente, mi incomprendida condición de paria futbolístico no pudo evitar que cayera sobre mí el escarnio de la traición maradónica.

Durante los 90 y gran parte de los 2000, la sola mención de mi país de origen bastaba para desencadenar en el interlocutor europeo, árabe, israelí, coreano,  japonés o marciano la consabida exclamación universal:

¡¡¡Maradona!!!      
                                                          
Luis Federico Leloir
                                                   El Diego era universal.

Pero ahora es diferente. Con el tiempo todo ha cambiado. Ahora la gente habla de otros temas.





Ahora está Messi.


Oh, destino aciago...
(Les Luthiers dixit).







Dedicado a Jorge. L. Borges (sin filiación futbolística), Julio Cortázar (hincha indiferente de Banfield y fanático del boxeo), René G. Favaloro (hincha fanático de Gimnasia y Esgrima), César Milstein (filiación futbolística desconocida), Luis Federico Leloir (filiación futbolística desconocida) y Roberto Fontanarrosa (hincha de Rosario central)



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